jueves, 27 de julio de 2017

La serpiente en el antiguo Egipto


Soy la serpiente Sata, cuyos años son infinitos. Me acuesto muerta y renazco cada día. Soy la serpiente Sa-en-ta, que mora en los más remotos confines de la tierra. Me acuesto en la muerte. Nazco, me renuevo, vuelvo a ser joven cada día. (El Libro de Ani).

Actualmente pueden encontrarse en Egipto más de treinta especies de serpientes, la mayoría de las cuales son inofensivas para el hombre. Habitan lugares muy diferentes, desde las arenas del desierto al delta del Nilo. Para los antiguos egipcios eran sumamente beneficiosas, puesto que los libraban de los roedores que causaban estragos en los alimentos almacenados, pero al mismo tiempo las especies venenosas suponían un grave peligro, y eran muchas las muertes a causa de la mordedura de alguna serpiente.

Este animal simbolizaba el comienzo y el fin de los tiempos, además de la fertilidad, la infinitud del mar y la relación entre la existencia y la inexistencia: el uróboros, que se representa enroscado en torno al mundo y mordiéndose la cola. Símbolo del rejuvenecimiento y la eternidad, de interminables ciclos, representaba tanto lo bueno como lo malo: la energía, la resurrección, el poder, la sabiduría y la astucia, pero también la oscuridad, la corrupción y el mal.

Una de las especies era la cobra egipcia o áspid de Cleopatra, llamada Naja haje, considerada la guardiana de los faraones y un importante emblema de la realeza y de su poder. Los faraones llevaban a modo de corona el ureo de oro, la imagen de una cobra que los protegía y que escupía fuego a sus enemigos.

Otra es la víbora cuya imagen se utiliza en los jeroglíficos para representar el sonido f. Era muy temida, a pesar de las palabras de Herodoto, que decía: 

En los alrededores de Tebas hay algunas serpientes sagradas que son completamente inofensivas. Son pequeñas y tienen dos cuernos en lo alto de la cabeza. Estas serpientes, al morir, se entierran en el templo de Júpiter, el dios al que están consagradas.

El origen de las serpientes intrigaba a los antiguos egipcios, que pensaban que podrían haberse creado a sí mismas. Y puesto que mudaban de piel, estos animales eran también un símbolo del renacer después de la muerte.

Uadyet, protectora del Bajo Egipto, era una serpiente que escupía fuego, simbolizaba el calor del sol y se la solía llamar “el Ardiente Ojo de Ra”. Se identifica con el ureo, la cobra que los faraones llevaban en sus coronas. Hija de Anubis, amamantó a Horus y lo protegió contra Seth. También se la llama “la del color del papiro” o “la verde”, por simbolizar la fertilidad del suelo. Enviaba profecías a través de los sueños y tenía un famoso oráculo en Buto. Junto con Nejbet, la diose buitre que personifica la corona del sur, forma las llamadas Dos Señoras.

Cuatro diosas de la ogdóada mostraban cabezas de serpiente, mientras que las masculinas tenían forma de sapo. Amón, como creador principal, asumía la forma de Kematef, “Aquel que ha cumplido su tiempo”, una serpiente.

Nehebu-Kau era un dios serpiente menor que se remonta al 1500 a. C., hijo de Geb, dios de la tierra. Comía siete cobras, por lo que consideraban que ofrecía protección contra las mordeduras de serpiente. Además era uno de los guardianes de los faraones en el Más Allá.

Y otra serpiente protegía a Ra en su viaje nocturno por el inframundo: Mehen, “la que se enrosca”. Muchas veces se muestra enroscada en torno a la barca del dios, como escudo protector contra el mal. 


Esas fuerzas del mal aparecen representadas por otra serpiente en el inframundo: Apofis, “el increado” que simboliza el caos universal y las tinieblas. Apofis atacaba la barca de Ra y trataba de hacerla encallar para romper la Maat, el orden cósmico. Si lo conseguía, se detendría el tiempo y no amanecería un nuevo día. Pero para los egipcios no era posible que existiera el bien si no existía también el mal, de modo que la serpiente Apofis nunca debía ser aniquilada, sino que sólo se la podía lesionar o someter, pues de otro modo se acabaría el mundo. Según las creencias de los antiguos egipcios, es el hombre quien da fuerza a Apofis, cuyas tres manifestaciones son el mal, la mentira y la violencia. 

Seth era el único al que no afectaba la mirada de la serpiente. En algunos textos figura clavando su lanza desde la proa de la barca hiriendo a Apofis y evitando así que logre su propósito. 

El mundo de los muertos estaba habitado por demonios serpiente de muchas clases, algunos con alas y otros con patas. Unos escupían fuego, otros iban armados con un cuchillo.

Regocíjate en tu santuario, pues el demonio-serpiente Nak ha sido juzgado por el fuego, y tu corazón se alegrará por siempre. (Himno a Ra, Libro de Ani)


Uno de los 40 demonios ante los que los muertos debían justificarse era Amenti.

Ave, serpiente Amenti, que vienes de la casa del sacrificio, no he deshonrado a la mujer de otro hombre.

Eran varias las deidades del inframundo asociadas con serpientes, como Kebechet, una diosa relacionada con el culto a los muertos, o Renenutet, guardiana del faraón en forma de cobra, encarnación de la divina maternidad, diosa de la fertilidad, las cosechas y los alimentos, cuya mirada tenía el poder de conquistar a sus enemigos. Renenutet representa el poder mágico de los vendajes de las momias y de las ropas de lino usadas por el rey, de ahí que se la conociera como “señora de las vestimentas”. Acabó siendo identificada como una forma alternativa de Uadyet.

Otros dioses, si bien no ostentaban atributos de serpiente, eran representados con ellas como demostración de poder, o bien tenían poderes para repeler a las serpientes: Hathor, diosa del amor, a veces aparece representada con una serpiente en torno a su cetro. Horus aparecía en amuletos como protector contra cocodrilos, serpientes, escorpiones, leones y otros animales peligrosos, a veces junto a serpientes a las que había vencido. 


Y Madfet era una diosa con forma de felino que ofrecía protección contra los animales venenosos y a la que se conoce especialmente como destructora de las serpientes malignas. Protegía la cámara del rey y los lugares sagrados, pero también decapitaba en la otra vida con sus garras a los enemigos del faraón, puesto que era propio de los felinos depositar animales muertos a los pies de su amo. Ella depositaba sus corazones.


16 comentarios:

  1. Es un animal que no me gusta nada. No le encuentro belleza alguna. He visto muchas en mi infancia y no comprendo como podía ser sagrado en esta cultura tan avanzada. Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí tampoco me gustan nada las serpientes. Pero es que apenas había un animal al que los egipcios no le encontraran su cosita, aunque fueran insectos.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar
  2. Tampoco a mí es un animal que me entusiasme. Las únicas que tengo la certeza de no ser peligrosas son las boas. Esas de plumas de vivos colores que se enroscan en torno a cuello de algun@s artistas.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo veo a usted muy cabaretero hoy. Pues vaya usted a saber si en esas boas no habrá otra clase de peligros.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  3. Atractivo, temor, respeto, veneración... los egipcios eran conscientes del magnetismo de la serpiente, con esa mirada hipnótica y lo sinuoso de sus movimientos...
    Un animal con muchísimas lecturas y simbolismos, dependiendo de cada cultura. En Andalucía muchos mantienen una prudente distancia con la "bicha", a mitad de camino entre la revulsión y la superstición.
    Veo que no salió un comentario que te dejé al pie del post motivo de cabreo por la usurpación indebida por parte de un impresentable. Dos cosas. Una: no solo dejé el comentario que ya viste en su día, sino que denuncié ante TARINGA la apropiación indebida. Ni p.caso. De momento no han retirado la entrada a pesar de presentar la prueba de su autoría. Dos: tranquila, porque el nivel cultural que muestran los comentaristas no te debe quitar el sueño. Más valen diez buenos lectores que mil semianalfabetos que dicen cosas como "muy buena info papu!" o "y los travas?"
    Saludos.
    Es posible que en unos días marche fuera con escasas posibilidades de conectarme a un ordenador. Con el móvil a pedales que tengo me resulta bastante engorroso seguir comentarios de los blogs de los amigos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias de nuevo por tu apoyo, Cayetano. En ese sitio no parecen tener muchos escrúpulos. Bueno, ahora a disfrutar de tus vacaciones. Yo intentaré hacer lo propio aunque no pueda moverme de aquí.

      Feliz veranito.

      Bisous

      Eliminar
  4. Las serpientes y los reptiles en general me producen un poco de repulsa, pero no así vuestro escrito, Madame, siempre bien elaborados y atractivos.

    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La serpiente nunca tuvo buena reputación. Ya la Biblia no la deja en muy buen lugar.

      Feliz fin de semana

      Bisous

      Eliminar
  5. Interesante Madame.
    No es que me gusten mucho, pero las serpientes son animales beneficiosos. Los egipcios lo entendieron y lo demostraron, convirtiéndoles en deidades.

    Besos Madame

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ellos siempre extraían la parte positiva de las cosas, las cualidades. Es una actitud muy sabia.

      Feliz fin de semana

      Bisous

      Eliminar
  6. Muy interesante tu blog...hay historias que uno no conoce y explican tantos sucesos aprendidos a medias...

    una interesante recopilación.

    atte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Magdeli. Bienvenida.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

      Eliminar
  7. La tradición serpentina es muy extensa, desde el caduceo, la representación del Mal y otras atribuciones mágico religiosas.
    ¿Dónde nació el poder simbólico de la serpiente? Quizás en un remoto tiempo, dónde los reptiles eran la mayor amenaza para los seres humanos.

    Buenas tardes, feliz fin de semana y bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, antiguos como el propio mal.

      Feliz finde también para ti, Amaltea.

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)